Tienes que reflexionar para ver qué te produce ansiedad y agobios. Parece que dices que si tuvieras tiempo para buscar una solución esto mejoraría o se resolvería. Entonces, sería posible que te sintieras presionado por dar una respuesta inmediata, por resolver el tema de forma inmediata, ya sea por un perfeccionismo al respecto o por un deseo de agradar y complacer a los demás, etc.
Todo ello lo mejoras con rectitud de intención, lo cual depurará el deseo de querer resultados inmediatos como sea, o querer complacer desordenadamente a los demás. Y para ello, por supuesto, necesaria la gracia de Dios, por lo que te recomiendo frecuentar los Sacramentos y hacer oración.
Y como medidas concretas, tú mismo, puedes responder al teléfono, y hacer algo parecido a lo que podría hacer tu hijo, recibes el asunto, o la consulta, y dices que prefieres pensarlo, aunque sea brevemente, si el caso no necesitase más; el caso es colgar el teléfono y tomarte al menos unos segundos o minutos, o más, dependiendo del asunto. Cuelgas el teléfono y lo piensas, mejor en la oración, pidiéndole a Dios y a la intercesión de la Virgen, que no te dejen equivocarte.
Acostúmbrate un poco a eso; es increíble lo que pueden hacer incluso segundos en ciertos casos. No tendrías incluso que explicar que vas a pensarlo, sino que dices brevemente: "ahora te llamo", pudiendo añadir, "que tengo algo que hacer", si no quieres dar la explicación completa, o de momento; luego, podría hacerse costumbre.
En la oración puedes ir viendo todos los demás aspectos del trato con la gente. Es cierto que en muchas ocasiones las demandas de los demás son excesivas. Y decía un Sacerdote algo así como que el mundo gime por verse precisado a atender las vanidades de los demás (sin duda que descuidando lo fundamental, lo recto, y lo que Dios manda). En la oración pidiendo a Dios luz para amar de verdad, para buscar el bien de verdad, por encima de posibles beneficios puramente materiales y temporales; y fuerza para llevarlo a cabo. El recto objetivo de hacer el bien de verdad, buscando bienes como que las personas vivan las virtudes, y se encaminen a su bien eterno, que es Dios, no te molesta en absoluto para llevar a cabo cualquier otro objetivo intermedio que esté en esta línea, y en la medida en que convenga. Y el amor de verdad es el que da la libertad para sobreponerse precisamente a desviarse hacia la mera satisfacción de vanidades propias o ajenas. El recto objetivo principal, pone todo lo demás en su sitio, lo ordena todo, ya que tampoco es bueno el anteponer lo menos importante, aunque no sea malo en sí, a lo más importante.